Joaquín Díaz y Ana Laura Pizzani habían viajado durante la mañana a Santa Rosa para plantear su posición ante la Dirección de Niñez y presentar un recurso contra la entrega del bebé. Después de esa presentación decidieron regresar a Rancul junto al niño.
Pero el regreso se interrumpió en Eduardo Castex. Allí fueron interceptados por efectivos de la Policía de La Pampa y personal de la Subsecretaría de Niñez, Adolescencia y Familia. La pareja se negó inicialmente a entregar al bebé en la ruta y, tras momentos de tensión, terminó regresando a Santa Rosa escoltada por la Policía.
La escena resulta particularmente fuerte por la forma en que terminó una historia que comenzó cuando el propio Estado convocó a esta pareja para que fuera familia de contención del niño.
La normativa establece que una familia de contención tiene un rol transitorio y que no puede convertirse en adoptante del niño que tiene bajo su cuidado. Esa fue la base sobre la que avanzó el proceso judicial para que el bebé fuera entregado a otra familia seleccionada por el Registro de Adopción.
La pareja, sin embargo, cuestionó esa situación y reclamó judicialmente que se contemplara el vínculo afectivo construido durante los meses en los que tuvo al niño bajo su cuidado.
El Superior Tribunal de Justicia terminó declarando inadmisible el recurso extraordinario federal presentado por la familia. Según el fallo, no se habían cumplido los requisitos formales para habilitar la instancia federal y los planteos ya habían sido analizados en las instancias anteriores. La decisión dejó sin efecto la expectativa de frenar la restitución por esa vía.
Y entonces llegó la parte más controvertida. Cuando la familia regresaba hacia Rancul, la Policía la interceptó en Castex. En otro vehículo se trasladaba personal de Niñez para hacerse cargo del niño. Finalmente, la pareja volvió a Santa Rosa bajo escolta policial. El bebé viajó junto a Ana Laura Pizzani en un patrullero, mientras que Joaquín Díaz no pudo acompañarlos en el mismo vehículo.
La entrega se concretó pasadas las 18.30 en la capital provincial. Según informó posteriormente el Gobierno, el niño fue integrado a la familia adoptante y la Subsecretaría de Niñez dio por terminada su intervención administrativa.
En las inmediaciones de la dependencia oficial se concentraron familiares, vecinos y dirigentes que acompañaban a la pareja. Hubo gritos, corridas y momentos de tensión cuando el bebé fue retirado del lugar. También quedó registrada la angustia de quienes esperaban poder despedirse del niño.
Más allá de lo que resolvieron los tribunales queda una pregunta que excede el expediente, ¿era necesario que la restitución terminara de esta manera?
Una cosa es hacer cumplir una resolución judicial. Otra es decidir cómo hacerlo. El Gobierno provincial sostiene que actuó como auxiliar del Poder Judicial y dentro de las atribuciones que establece la legislación. La Justicia, por su parte, consideró que la restitución y el proceso de adopción responden al interés superior del niño y al funcionamiento del sistema de adopciones.
Pero las imágenes y la secuencia de este lunes dejaron una escena difícil de aceptar, una familia que durante meses tuvo a su cargo a un bebé, interceptada en una ruta por un operativo policial, trasladada nuevamente a Santa Rosa y separada finalmente del niño en medio de una situación de enorme tensión emocional.
El Estado puede tener la razón jurídica. Eso no significa que todas las formas de ejercer esa decisión sean igualmente humanas. Y ese es, quizás, el aspecto más incómodo que deja el caso del bebé de Rancul. Cuando se trata de un niño, cumplir la ley debería ser apenas el punto de partida. También debería importar profundamente cómo se la cumple. Porque detrás de los expedientes, los recursos, las cautelares y las resoluciones había un bebé de apenas unos meses y una familia que había construido con él un vínculo durante gran parte de su corta vida.
Ayer, ese vínculo terminó abruptamente. Y la manera en que el Estado decidió hacerlo dejó una herida que difícilmente pueda cerrarse con un comunicado.
