La actividad tambera continúa perdiendo establecimientos en La Pampa. En el último año se registró el cierre de alrededor de 50 tambos respecto de una década atrás, mientras que actualmente permanecen 129 establecimientos dedicados a la producción de leche en la provincia.
El dato expone una tendencia que se viene consolidando desde hace años, cada vez son menos los establecimientos que permanecen dentro de la actividad, aunque esto no necesariamente significa una caída equivalente en el volumen producido, debido a que parte de la producción se concentra en unidades de mayor escala.
Según los datos difundidos por la Dirección de Estadística y Censos de La Pampa, el número de tambos pasó de aproximadamente 179 establecimientos a 129 en el período analizado. La reducción representa cerca del 28% del total de establecimientos que existían una década atrás.
El fenómeno forma parte de una transformación que atraviesa a la producción lechera pampeana y que también se observa en otras provincias de la región. Los productores enfrentan una estructura de costos elevada, mayores exigencias de inversión y la necesidad de alcanzar determinados niveles de escala para sostener la rentabilidad.
A esto se suman las dificultades propias de una actividad que requiere producción durante todo el año y que está fuertemente condicionada por los precios recibidos por la leche, el costo de los alimentos, la energía, los insumos veterinarios y el mantenimiento de las instalaciones.
Menos establecimientos, mayor concentración
La reducción en la cantidad de tambos no implica necesariamente que la producción haya caído en la misma proporción. Una de las características que atraviesa al sector es la concentración de la actividad: los establecimientos que continúan operando tienden, en muchos casos, a incrementar su escala y productividad.
Esto genera un cambio en la estructura del sector. Mientras algunos productores abandonan la actividad, otros buscan crecer para distribuir los costos fijos sobre un mayor número de animales y litros producidos.
La situación también tiene una dimensión territorial. El cierre de un tambo no representa únicamente la desaparición de una unidad productiva, sino que puede repercutir sobre el empleo rural, los servicios asociados a la actividad y el movimiento económico de las localidades donde se encuentran estos establecimientos.
En muchas localidades del interior pampeano, los tambos forman parte de una estructura productiva que sostiene de manera directa e indirecta a familias, transportistas, contratistas, veterinarios, proveedores de alimentos y otros trabajadores vinculados con la cadena láctea.
Una actividad que busca sostenerse
Con 129 establecimientos en funcionamiento, la producción lechera continúa siendo una actividad relevante dentro de la matriz agropecuaria provincial, aunque con una cantidad de productores sensiblemente menor a la de diez años atrás.
El desafío para el sector pasa por sostener la producción y, al mismo tiempo, evitar que las dificultades económicas sigan expulsando a pequeños y medianos establecimientos.
La evolución del número de tambos vuelve a mostrar, en definitiva, uno de los procesos que atraviesa buena parte de las actividades agropecuarias: menos unidades productivas, mayor escala y una creciente concentración de la producción.
